Se dice que todo investigador debe hacer uso de conceptos para poder organizar sus datos y
percibir las relaciones que hay entre ellos. No
busca ser exacta, pero sí ser precisa, para lograr la elaboración, la
construcción de conceptos unívocos, es decir, conceptos cuya intención y
extensión sean lo más precisos posibles. Un
concepto es una abstracción obtenida de la realidad y, por tanto, su finalidad
es simplificar resumiendo una serie de observaciones que se pueden clasificar
bajo un mismo nombre.
Cada
investigador debe usar el vocabulario normal de su campo de investigación tanto
como le sea posible, para que pueda beneficiarse directamente de resultados
anteriores y, a la inversa, sus nuevos resultados sean fáciles de leer y así
contribuyan de manera efectiva a la teoría general de ese campo.
Una
definición operacional de un concepto, consiste en un enunciado de las
operaciones necesarias para producir el fenómeno. Una vez que el método de
registro y de medición de un fenómeno se ha especificado, se dice que ese
fenómeno se ha definido operacionalmente. Por tanto, cuando se define
operacionalmente un término, se pretende señalar los indicadores que van a
servir para la realización del fenómeno que nos ocupa; de ahí que, en lo
posible, se deban utilizar términos con posibilidad de medición.
En definitiva, la forma en que se
construyen los conceptos depende de las concepciones del conocimiento y de la
realidad de las cuales se parte. Los conceptos están presentes en todo y en
cada uno de los momentos de un proceso de investigación y es necesaria una
vigilancia constante para trabajar siempre con conceptos precisos. Precisión no
sólo en relación con su univocidad y con su enunciación o definición, sino
también en su relación con la teoría del conocimiento, con los paradigmas
científicos, con el objeto de estudio y con la situación problemática que
originó la investigación.


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